
Recibir una bola negra representa la condena por ser homosexual en una época hostil donde las instituciones de poder como la iglesia, la política y la milicia usaban un aparente proceso administrativo para marginar a las personas disidentes.
Este podría ser el eje principal de “La bola negra”, (2026) una película casi perfecta que habla de hombres enamorados que no pueden demostrar su amor o de hombres que sueñan con amar aunque amar a un igual es un pecado capital.
Todo lo que se ha dicho de “La bola negra” es nada a comparación de lo que uno ve en pantalla.
Visualmente es bella.
Visualmente es atractiva.
Visualmente es brutal y desgarradora.
Dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi a partir de un guion que escribieron con Alberto Conejero, este filme es una epopeya terriblemente dramática que te restrega en la cara todos los aspectos de la vida: el amor entre dos iguales, el deseo entre dos iguales, la vergüenza universal y la esperanza de encontrar un futuro que para muchos nunca llegó.
Es una cinta con tintes sutilmente románticos que explora también de manera dolorosa y desgarradora la identidad queer en España a lo largo de casi un siglo.
“La bola negra” no es una biografía del poeta Federico García Lorca, pero su obra funciona como el molde en el que se desarrollan tres historias muy “distantes” pero que al final acaban encontrando su conexión en una narrativa extraordinaria y perfecta, muy perfecta.
Situada en tres épocas, 1932, 1937 y 2017, la historia nos lleva a conocer a tres personajes que aparentemente están ajenos unos a los otros.
Uno de ellos es el joven Carlos (Milo Quifes) que en 1932 intenta formar parte del Casino de Granada pero el consejo, compuesto por las elites de la ciudad, se niega a admitirle porque se dice que es homosexual.
La segunda historia, ambientada durante la guerra civil española, se registra en 1937, donde Sebastián (Guitarricadelafuente) un soldado nacional, debe custodiar a un prisionero republicano herido (Miguel Bernardeau) a la espera de interrogatorio y juicio.
Y la tercera sucede en 2017, donde un historiador (Carlos González) descubre que su abuelo ha fallecido y le ha dejado algo en herencia.
Son tres historias poderosas, crueles y en ocasiones sublimes en amores contenidos.
El encanto de “La bola negra” se recarga en el brillante desempeño del elenco joven y “veterano”.
Tenemos a un joven actor llamado Guitarricadelafuente, su trabajo es genuinamente magistral.
Otro que merece mención especial es Miguel Bernardeau quien regala un trabajo espléndido, discreto y cargado de una sensualidad en su mirada y en su físico.
Por su parte, Carlos González también está de 10 en su rol de estudiante de historia y dramaturgo ocasional.
Las actrices veteranas son las que le dan fuerza al filme, pese a que sus participaciones son breves pero sustanciosas: Penélope Cruz, Glenn Close y Lola Dueñas, cada una de ellas estan de una autoridad escénica dignas de un Oscar.
Penélope Cruz como cantante de vodevil, roba camara. Luce bella, auténtica y muy cómoda en su papel.
Con tan solo dos potentes apariciones, Lola Dueñas se lleva la película.
El papel de Glenn Close es más de discurso pero fundamental para la historia.
Otros puntos a favor de “La bola negra” es que está rodada en 35mm y con una poética cinematografía de Gris Jordana.
La banda sonora es punto y aparte a cargo de Raül Refree.
No está a discusión que “La bola negra” es la película del año.
Y apuesto a ganar a que se llevarán el Óscar a Mejor Película Extranjera.
En una escala de 5 al 10, esta cinta española logra tranquilamente un 9.5.
Pudo haber estado de 10, pero el exceso de tiempo, más de 2 horas y media, le resta un poco de atractivo, un poquito, nada más.